| :: El trabajo conforma la identidad |
Fue Winston Churchill quien dijo que al principio escogemos nuestro trabajo y damos forma, y que después es éste el que nos da forma a nosotros.
Se trata de una cita optimista ya que durante la era de Churchill, muchos norteamericanos ponían que el trabajo formaba a la persona en sentido positivo. Aunque aún se había logrado, la consigna del movimiento sindical estadounidense, ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, y ocho horas para lo que se nos dé la gana era casi una realidad. Hoy ese concepto puede ser una provocación.
Es cierto que el trabajo nos puede moldear positivamente.
- Podemos aprender a relacionarnos mejor con las personas.
- Podemos aprender a servir a los además.
- Podemos aprender a valorar el trabajo de equipo, y la perseverancia, y la comunicación.
Pero el trabajo hace mucho más que eso, y con frecuencia nos conduce a una trampa, el trabajo se encuentra en el centro de nuestras vidas e influye sobre quiénes somos y todo lo que hacemos, trabajo no es sólo ganarse la vida.
Implica percibir un salario o tener un empleo remunerativo, tampoco se trata de utilizar la mente y el cuerpo para lograr una tarea o proyecto específico. El trabajo es también uno de los más significativos factores que contribuye a la vida y al desarrollo interior.
Para la mayoría de nosotros, el trabajo ocupa la mayor parte de del tiempo y energías, y eso puede ser la razón de que nuestra actividad laboral no sólo nos provea un ingreso, sino que nos nombre y nos identifique, tanto ante nosotros mismos como ante los demás.
El tiempo define la identidad
No hay nada de malo en que el trabajo dé forma a parte de nuestra identidad. Hasta cierto punto, así debe ser. Cuando uno trabaja 12 horas, es incapaz de oler el perfume de las flores, cantaba Charlie King. Y tenía razón. Es cierto que uno puede lograr mucho si dedica todo su tiempo a un objetivo.
Si bien el trabajo ofrece mucho de qué estar orgullosos, queremos que nos identifiquen con algo más que un trabajo. Es una especie de paradoja. Por una parte apreciamos la profesión y la tenemos en alta estima debido a lo que nos ofrece: un título, una posición, un propósito. Por la otra, si pudiéramos trabajaríamos.
Si en nuestros empleos podemos encontrar un propósito y un significado para la vida, magnífico. Y por supuesto que podemos, pero no dedicándoles todo nuestro tiempo, sino permitiendo que promuevan algo más profundo, más liberador, emocionante y perdurable.
Fuente: Resumen del capitulo dos del libro la Trampa de la identidad
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