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 :: Aprendiendo a crear riqueza

Comentarios de actualidadEn economías como la nuestra, es común experimentar, la impotencia de quien llega al final del mes asfixiado por las deudas, la expresión patética de una sociedad consumista, recibir un sueldo solamente, para ser un pagador, entregador, o intermediario, por donde pasa de forma fugaz el dinero; cumpliendo compromisos, que tienen que ver con arriendo de la casa, las tarjetas de crédito, la cuota del préstamo en el banco, los víveres al micromercado; gastos que consumen el logro de un mes de trabajo.
Los días siguen, la vida sigue y sobrevienen nuevas necesidades, recurrimos al crédito, con la esperanza de pagar con el sueldo del mes siguiente. Y el nuevo sueldo no alcanza, el ciclo se repite, en un círculo vicioso que no termina; pasan los meses, pasan los años, nos acostumbramos a vivir con la necesidad detrás de la puerta, aguardando, para hacernos presos de una cultura de gasto.

Provenimos de hogares, que ignoran un compendio de intuiciones ancestrales, que permitan crear riqueza, por más desarrollo tecnológico, por más que el mundo expanda sus horizontes, no tenemos conciencia de abundancia, el desorientado hombre contemporáneo, lucha día a día, a pesar de él mismo, por cubrir sus necesidades más inmediatas, alimentación, vivienda, vestido, educación, salud. La impactante turbulencia y los cambios significativos en nuestro mundo, crean un alto grado de incertidumbre, los planes de gobernabilidad, no alcanzan a resolver los graves e insolubles problemas del hombre, en economías tan subdesarrolladas, problemas que a la vez resultan del sencillo hecho, de no saber hacer dinero.

Pero ante todo, éste es el problema, cual es la solución? Es necesario hurgar, observar, cuales son las decisiones que tomamos y que dejamos de tomar, y que nos conducen por un precipitado tobogán, directo a la crisis.

Ciertamente las personas, tenemos más necesidades emocionales que materiales, éstas necesidades internas al no encontrar una forma de saciarse, buscan una forma de desfogo actuando por el reflejo, tratamos de emular, es así que si vemos que el vecino tiene automóvil, queremos tenerlo también, si el vecino pinta la casa, queremos pintarla también, si hace una gran fiesta, también lo hacemos a cualquier precio; siempre viviendo en función del otro. Nuestra razonabilidad no alcanza, para priorizar los gastos. Tener la cabeza fría, es saber exactamente hasta donde se puede gastar y fomentar el hábito del ahorro.

Solamente basta un instante de descontrol, en el que tomamos la decisión de hacer uno o varios gastos fuera de lugar, y vamos haciendo números rojos en nuestro presupuesto, con el falso argumento, ya veré como lo cubro; un auto engaño que se convierte en uno de nuestros peores enemigos. Esto atrae el círculo de la insatisfacción y la preocupación, perdemos el entusiasmo, perdemos el sueño, adquirimos a alto precio la preocupación, los problemas financieros se convirtieron en un cobrador omnipresente, pues estamos conscientes, que los egresos son mayores a los ingresos. Y aprendemos a zambullir en el continuo subsistir. El rol social es predominante en la psicología del ser humano, estas emociones, le llevan a tener el deseo de adquirir cosas innecesarias, como la televisión ultimo modelo, el automóvil del año, el teléfono celular de última generación, etc. Y para poder satisfacer estos gustos, adquiere más deudas, finalmente, empeña sus bienes, los vende y pierde lo poco que logró acumular, en mucho tiempo. Seguido de esto, vienen sentimientos que nos envenenan y nos enferman; la frustración, la rabia, el resentimiento, el estrés, la desesperación, la opresión, la ansiedad, la impotencia.

En circunstancias del tan conocido estrés, el ser humano, requiere desestresarse, para ello tiene que incurrir a gastos extraordinarios entre los que se incluye; cigarrillos, alcohol, restaurantes, paseos, conciertos, etc. Gastos que nunca estuvieron en el presupuesto y son la síntomalogia del ciudadano que no tiene control de sus finanzas.

Con la premisa de salir de la crisis, es necesario encontrar una solución, aumentar los ingresos; para ello recurren algunas alternativas muy comunes, casi siempre se antepone un planteamiento de alza de sueldo, misma que en la mayoría de los casos, no resulta, puede también recurrirse a trabajar duro por un asenso de puesto, que también es incierto, (por la competitividad y porque el tráfico de influencias, es determinante en estos casos), o buscar una nueva plaza de trabajo, de mejor estatus y remuneración. Se puede adicionar a todo lo manifestado, la falsa esperanza en el azar, y no falta el deseo de descubrir, que nos depara el futuro.

Pero de todas formas, si la gestión resultara favorable y en el mejor de los casos se consiguiera una mejora de ingresos, ésta simplemente no pasaría de una eventualidad temporal, pues el sistema de administración de recursos es el que adolece de morbo y siempre se recaerá en la misma crisis. En estas condiciones, no hace falta ser adivino, tener dones de clarividencia, para saber con certitud, que en el futuro que construimos, no existe riqueza.

Es necesario amar y aceptar la vida como hombres maduros, poblamos este planeta por más de 2000 años, no es posible que continuemos recayendo en los mismos errores, siempre las civilizaciones antiguas fueron más sabias; tenemos la obligación de educar a nuestros hijos, en este tópico esencial para vivir; en ninguna escuela, colegio o universidad, se les enseñará, pobreza y riqueza, son tópicos que están allí, y que escapan a toda justificación o valoración. Nos estamos desarrollando en moldes prefabricados de forma estándar, vivimos un modelo de sociedad, donde nuestro actuar se proyecta de forma predestinada, para conformar una sociedad consumista. Seguramente ahondar en este tema, signifique una tremenda perplejidad, no puede ser de otra manera, como se podría reaccionar ante una serie de conceptos, que vienen a sacudir nuestro pequeño mundo de creencias acerca del dinero. Analizar nuestros errores, cambiar nuestro paradigma, son acciones esenciales en esta tarea, existen muchas oportunidades, calladas, visibles a los ojos atentos. Cautivemos prosperidad, sembremos semillas de riqueza.
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Autor y Fuente de esta obra:
Dra. Sandra Beatriz Ludeña Jiménez - www.universidadperu.com


 
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