| :: Principios para acuñar una habilidad |
Se considera a la habilidad como a una aptitud innata o desarrollada o varias de estas, y al grado de mejora que se consiga a esta/s mediante la práctica, se le denomina talento. La habilidad es la destreza para ejecutar una cosa o capacidad y disposición para negociar y conseguir los objetivos a través de unos hechos en relación con las personas, bien a título individual o bien en grupo. Los principales puntos para acuñar una habilidad son los siguientes:
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Identifica con claridad la habilidad que quieres desarrollar: traducido a lenguaje popular: el que mucho abarca poco aprieta; y de que hay sus excepciones las hay pero si atendemos una cosa a la vez hay más oportunidad de que la comprendamos y podamos seguir con otra.
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Dedica un momento de la jornada a ejercitarte en ella: nadie aprenderá a tocar la guitarra pasando 3 horas frente al televisor y otras tantas delante del pc. Regálate un momento específico para practicar esa habilidad que deseas adquirir, descubrirás que conforme pasan los días tendrás más avance en el mismo número de minutos que cuando comenzaste.
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Desarrolla una estrategia: Roma no se construyó en un día y tampoco sin un plan de expansión; planifica tus objetivos, adjudícales fechas de cumplimiento, solicita la colaboración de tus cercanos para que te evalúen, implementa recompensas y castigos…
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Invierte recursos: si mentalizas que obtener una cualificación en tal actividad te traerá beneficios a mediano y largo plazo en tu vida personal, profesional, económica, no escatimes -en la medida de lo posible- recursos a corto plazo. Y ten en cuenta que no toda inversión significa desembolsar dinero: que otra inversión que nuestro tiempo y compromiso.
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Establece un objetivo concreto: “Quiero ser Master Autodidacta del Diseño Web“, suena fenomenal, pero un buen y consiso principio puede ser: “Dominaré el Paint”; es desde luego un ejemplo extremista pero refleja situaciones que más de una vez nos han pasado.
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Practica en el “mundo real”: te interesa la redacción, muy bien los ensayos y escritos que vas acumulando en tu carpeta de “Mis historias” pero, ¿por qué no inscribirte en un Concurso de narrativa? Realizar pequeños ejercicios de la habilidad que estamos desarrollando en campos convencionales nos permitirá ir perdiendo el pánico escénico y aprender sobre la marcha.
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Apóyate en los demás: invita una tarde a tu casa a ese amigo que mastica perfectamente el inglés a tener una conversación; pídele a tu madre que califique lo afinado o desafinado que tocas ese instrumento, comparte con un profesor esos ejercicios ‘extras’ que has realizado de la clase de programación. La retroalimentación que recibas es un estímulo para seguir mejorando y corregir las equivocaciones.
- Comparte tus progresos: es bueno que te regales un momento para externarle a tus cercanos lo bien que vas, y cómo te sientes por ir cumpliendo tal o cual meta. El hecho de abrir a los demás los objetivos que te has propuesto se transforma en una motivación intrínseca más para aplicarte a conseguirlos.
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Capitaliza la habilidad adquirida lo más pronto posible: si por un lado lo que bien se aprende nunca se olvida, no invertiste un año de tu vida en adquirir una habilidad que vas a guardar en un cajón: involúcrate en proyectos donde la puedas practicar, instruye en la misma a tus amistades o hermanos, ofrece un par de horas a la semana para impartir algún curso comunitario.
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Empieza YA: respecto a esto tengo de tiempo atrás acuñada una frase que viene de perlas: “el tiempo como quiera pasa”; desde su precariedad encierra sin más la moraleja que bien puedes aprovechar tu día y estudiar 1 hora de inglés a la semana durante un año y aprobar un curso que no hacerlo. Simplemente si optas por lo segundo llegarás al 8 de abril de 2009 sin saber un pelo de inglés.
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Autor y Licencia de esta obra:
Víctor Esparza - blogenserio.com
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