| :: Tolerancia y debilidad |
Una de las características fundamentales de la función directiva –en todos sus niveles- es la toma de decisiones y éstas sólo se hacen realidad cuando son convertidas en acción por otras personas a quienes hay que ordenarles oportuna y correctamente...esto hace que en el ejercicio de la autoridad se tenga uno de los “grandes secretos” del éxito o fracaso de quienes tienen el privilegio de dirigir personas dentro de su empresa u organización. Aunque es indiscutible el cambio que en las últimas décadas ha experimentado la administración de sus Recursos Humanos, la empresa en general continúa sin encontrar los niveles óptimos de su aprovechamiento y al parecer es este un proceso sin fin, pues se trata de personas que como tales tienen expectativas que siempre están cambiando en función de los grandes cambios sociales, económicos y tecnológicos a los que se va teniendo acceso. Por ello no es posible pensar en recetas intercambiables, pero sí en criterios que puedan configurar el marco de referencia en el que sea posible buscar un permanente mejoramiento del resultado a lograr. A continuación se hace mención de dos condiciones indispensables para que la convivencia productiva en la organización –sin importar su tipo- sea posible:
Reconocimiento y Aceptación de la Autoridad: todo aquel –o aquella- que pretenda formar parte de una empresa, organización o grupo de trabajo y tener por ese medio su desarrollo personal y profesional, como primer condición debe reconocer y aceptar la autoridad a que estará sujeto a la hora de cumplir con el qué, cómo y cuándo de las responsabilidades que le sean asignadas. Es muy importante aclarar que no se trata de sumisión, de obedecer sin reparo alguno a todo lo que se le ordene, de ser lo que comúnmente se llama un “yes-man”. Se trata de entender, de tener muy claro que se recibe una invitación a compartir los objetivos y propósitos de la empresa (de emprender) que para su logro ha determinado, a través de sus directivos, las estrategias, tácticas, procedimientos y reglas que forman en su conjunto lo que pudiera llamarse la “forma de hacer” a la que deberán sujetarse –al menos mientras las mismas no cambien- todos y cada uno de sus integrantes, todo ello, sin defecto de las reglas y procedimientos que también se hayan establecido para que cada quien pueda hacer valer sus opiniones, sugerencias y propuestas de cambio que son la vía para la participación creativa y bien intencionada de sus Recursos Humanos.
Todo lo antes expuesto parece ser, por claridad y congruencia, de muy fácil entendimiento, sin embargo, en la práctica no lo es así. No son aislados los casos de personas que se pasan toda una vida quejándose de estar en una organización que no los comprende: los procedimientos que se siguen nunca son los adecuados y ello se debe a la falta de aceptación a sus propuestas de cambio. Tampoco es de extrañar que tales “contreras” se dediquen a boicotear las órdenes de sus superiores pues nada les satisface mayormente que demostrar que lo ordenado no funciona. Pero como se dice popularmente “no tiene la culpa el indio, sino quien lo hace compadre”; siempre es la falta de decisión por parte de sus jefes lo que hace que los desadaptados nazcan, crezcan y se reproduzcan y todavía peor cuando se llega al extremo de darles condiciones especiales o de excepción con tal de mantenerlos contentos “hay muchos seres que se sienten en la vida como clavos cuadrados en agujeros redondos; es decir, que no encajan, que no embonan, que no aprietan dentro de la etapa, categoría o situación en que se encuentran colocados. Y al sentirse así, flojos, inadecuados para el momento que viven, pretenden equivocadamente, que el agujero redondo que es la vida o la situación o la circunstancia por que atraviesan, se haga cuadrado, es decir, que tenga sus mismos bordes, su misma figura, sus mismas aristas rígidas y frías. Y esto no puede ser. Sería curioso que la vida se amoldara a las exigencias, a los deseos, a las esperanzas de cada quien. Tales clavos cuadrados debieran pensar mejor que son ellos los que tienen que limar sus bordes, que redondear sus aristas, que acabar con sus prejuicios, con sus raigambres, con sus asperezas y, sin alterar en lo más mínimo su estructura interna de acero, sin cambiar, por supuesto, su naturaleza intrínseca, procurar amoldarse a las cosas externas, pulirse, redondearse, para poder entonces encajar firme y reciamente en el agujero redondo y apretando fuerte, dominar y conseguir lo que se proponen” (1)
El jefe debe mandar: esta expresión parece ser una verdad de perogrullo pero, no siempre es así detrás de las máscaras de tolerantes, participativos o demócratas, no es raro encontrar escondidos a los débiles, a quienes permiten que las cosas sucedan antes de enfrentarlas con decisión y acción. Por supuesto que se puede ser tolerante, participativo y demócrata y al mismo tiempo mantener y, sobre todo, ejercitar el mando, no hacerlo es irresponsable…
Toda organización se nutre de la diferencia de pareceres u opiniones de sus integrantes, es la tolerancia lo que permite que los demás expresen sus puntos de vista, aun cuando estos sean en contra de lo que diga el jefe sin que ello signifique el que tal diferencia de opinión los separe sino que, por el contrario los una en una convivencia enriquecedora para todos los participantes; del mayor o menor grado en que se fomente y obtenga la participación de sus subordinados es como el jefe inteligente logra llegar a mejores decisiones lo que repercute en la obtención de logros y en la integración de su gente hacia los objetivos y propósitos buscados. Por otra parte, aunque democráticamente todos tengan las mismas oportunidades de opinar y participar, no sería sensato llegar a acuerdos por mayoría de votos…Esta es decisión de quien tiene la autoridad, por tener la responsabilidad, aunque se vaya en contra de aquellos que opinaron diferente, siempre deberán estar en primer lugar los intereses de la institución, por encima de los intereses o preferencias de sus integrantes, incluyendo al jefe: la integración que demuestren los participantes hacia los acuerdos tomados, habla de su sentido de responsabilidad y lealtad hacia el grupo, la discusión ya es cosa del pasado “en la actualidad, hay una insistencia tremenda en ser simpático, ayudar a la gente, llevarse bien con la gente, como cualidades que debe tener un gerente. Esto solo no es suficiente. En toda organización exitosa hay un jefe poco amable con la gente, que no la ayuda, que no se lleva bien con ella. Frío, desagradable, exigente, frecuentemente contribuye a la preparación de los hombres más que cualquier otra persona. Impone más respeto del que podría jamás imponer el hombre más agradable. Exige mucho de sí lo mismo que de sus hombres. Fija normas elevadas y espera que se cumplan. Considera solamente qué es acertado y nunca quién está acertado. Y aunque habitualmente es un hombre brillante, nunca le otorga al brillo intelectual mayor importancia que a la integridad en el prójimo. El gerente que carece de estas cualidades de carácter –no importa cuán agradable, servicial, o amistoso sea, no importa siquiera cuán competente o cuán brillante sea- constituye una amenaza y se lo debe calificar como “inadecuado” para ser Gerente y Caballero” (2)
De fundamental importancia es no perder de vista el que la organización es un punto de encuentro y decisión en el que deben fluir las ideas y pensamientos de sus integrantes siempre dentro de los lineamientos y reglas que previamente se hayan establecido: la falta de autoridad generaría el caos. Quienes tienen la responsabilidad de cumplir y hacer cumplir tales lineamientos y reglas deben hacerlo poniendo siempre en primer lugar el interés genuino de la institución, aunque en muchos casos los haga impopulares; al respecto algunos definen la primera lección del liderazgo de la siguiente manera: “un hombre que desea dirigir la orquesta debe volver la espalda a la multitud”. Ω
Bibliografía: (1) J.D. Legorreta “Fundamentos del éxito en la vida”; Cia.Editorial Continental (2) Peter F. Drucker “La gerencia de empresas”; Editorial Sudamericana.
Fuente: www.tress.com
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