| :: Consejos para resolver conflictos |
Acepta tus emociones Déjate guiar por lo que sientes, pues se trata de la realidad interna de la cual partes. Primero es necesario contactar con la raíz corporal de la emoción y escuchar toda la información que aporta. Son de gran ayuda preguntas como: ¿Qué siento? ¿Qué mensaje quiere trasmitirme este sentir? ¿Qué me dice de la situación en que ha surgido? ¿Qué me gusta cambiar? Practica la escucha activa Imagina que eres un cuenco vacío que recibe al otro sin críticas ni prejuicios. Fíjate en su lenguaje no verbal y pregunta para asegurarte que lo que captas corresponde con lo que el otro quiere decir. La escucha previene actitudes defensivas y ayuda a adoptar otras perspectivas.
Libera las emociones Si te sientes muy tenso en que necesitas descargar los sentimientos acumulados. Puedes expresar tu enfado golpeando un colchón o retorciendo una toalla. Al comenzar con una emoción pueden aflorar otras. La descarga de un exceso de emoción te permitirá ver el conflicto con más claridad.
Sé asertivo Expón tu manera de ver las cosas sin añadir lo que deberían o no hacer los demás. Empieza por descubrir lo más objetivamente posible la situación que está causando el problema. Por ejemplo: “Cuando dejas el despacho desordenado, yo….” Seguidamente da a entender tu reacción, por ejemplo: “siento que me respetas y me enfado”. Y, finalmente, habla de lo que te gustaría hacer o tener, como por ejemplo: “Me gustaría hacer o tener, como por ejemplo: “Me gustaría acordar contigo unas pautas para poder sentirme a gusto compartiendo contigo el despacho”.
Haz un mapa del conflicto Especifica en un esquema las necesidades y temores de cada una de las personas implicadas en la discusión. Se trata de un mapa que te ayudará a estructurar los diferentes elementos de la situación y encontrar soluciones. Ponle un título que defina de forma general el tema del problema.
Aprende a negociar Llega a acuerdos equilibrados que ambas partes consideréis justos y respetables. Para ello hay que se flexibles, pero teniendo presente lo que te gustaría obtener y los límites de tu capacidad negociadora. Si la negociación se prevé larga, conviene poner por escrito lo que se va hablando.
Cuida el lenguaje Es muy diferente decir. “Es imposible hablar con él” que. “tengo el reto de conseguir hablar con el”. Los problemas se suavizan si estamos preparados para cambiar de forma de pensar y hablar. De la misma manera, prueba a decirte a ti mismo. “elijo acabar el trabajo”, en vez de: “Debería acabar el trabajo”. Libertad frente a obligación.
Para saber más En tú ganas, yo gano (Ed. Gaia), su autora, Helena Cornelius, nos explica paso a paso cómo afrontar los conflictos de una forma constructiva. Más Chaplin y menos Platón (Ed. Cuatro Vientos), de Luis Miguel Díaz, propone aprender a negociar y relacionarse con los demás usando la creatividad, lo que nos permitirá desatascar situaciones difíciles.
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