| :: Cortesía en el trato a los clientes |
El empresario, el dirigente hábil de las organizaciones, el líder de excelencia, el ser de calidad total, es aquel que debe de tener las respuestas que sus clientes necesitan con oportunidad, prontitud, calidad y cantidad.
Vivimos la época del cambio, de la rapidez en el servicio, de la oportunidad en la atención y sin embargo, no nos percatamos de este problema. Los empresarios y la gente en general siguen creyendo que todavía se vive la etapa del proteccionismo, la era del “ lo que yo haga bueno o malo, de todas maneras se vende” y eso, en nuestros días, es una tremenda mentira.
El mecánico tiene que ser bien hecho y oportuno, poner refacciones de primera, hacer su trabajo con profesionalismo y a tiempo. El panadero debe vender pan de alta calidad y de exquisito sabor.
El que manda es el cliente, nos guste o no. No podemos seguir pesando que al venderle algo se le hace un favor, al contrario, el favor lo hace él al seguir comprando los productos y servicios que generan las personas y empresas del país.
El ser humano consiente, el líder de la empresa tiene que comportarse como todo un profesional, es decir, estar dispuesto a someterse a uno o varios procesos para obtener conocimientos, desarrollar habilidades y aptitudes, y modificar las actitudes que le faciliten su desarrollo integral.
Los trabajadores de las organizaciones deberán formarse bajo la cultura de la compañía en la cual laboran, con una auténtica vocación de servicio y entrega a sus actividades con entusiasmo y profesionalismo.
Para establecer la relación vendedor-cliente, al fin y al cabo todos tenemos algo que vender y todos tenemos algo que comprar, se debe de pensar profesionalmente y para ello, es imprescindible tener en mente los siguientes aspectos: - Tener ansia de aprender. Conocer a fondo las características del producto que se vende, quienes son nuestros competidores, dominar las características del bien y/o servicio que se genera y ofrece.
- Buscar la especialización en el campo de acción. Vale más ser experto en un pequeño tema que, “todólogo en lo demás”. Es preferible hacer algo aparentemente sencillo pero bien.
- Intercambiar conocimientos y experiencias. El aliarse con los proveedores, o con otras personas que dominen los temas de nuestro interés, el tratarlos bien, además de ser uno de los principios de calidad total, permite encontrar aliados fieles.
- Hacer entrenamiento dirigido. La capacitación debe de satisfacer necesidades concretas; es decir, debe capacitarse específicamente para satisfacer requerimientos específicos.
- Ayudar a los demás. El actuar con mentalidad de beneficio social, siempre será un incentivo poderoso para aquel que emprenda alguna actividad.
- Todo ello, siempre con la mira de dar un mejor servicio al cliente. Hay que insistir “el cliente es primero”.
Para reforzar las ideas compartidas con antelación, medite en las siguientes seis reglas de oro para dar un mejor servicio y practíquelas:
1. Sea Competitivo tanto en ofrecer calidad en el producto que genere y ofrezca, como en el trato a su clientela y a la comunidad que le rodea.
2. Preocúpese por preparase, por contar con los conocimientos suficientes y profundos acerca de su producto y del medio ambiente que le rodea, de tal manera que siempre este en la posibilidad de responder las preguntas que le planteen y los problemas que se le presenten.
3. Tenga actitud positiva, traducida esta idea como la energía que necesita para ser más competitivo, para tener mayores habilidades, para ser más profesional en su campo de trabajo y en la relación con sus clientes.
4. Cuide la imagen de su corporación o empresa, no permita que en su organización se observen anomalías, que además puedan propagarse entre su clientela.
5. Sea Cortés, dice un antiguo refrán “ Lo cortés no quita lo valiente” confundimos los términos y creemos que con agresividad lograremos mejores ventajas, eso no es así, es mejor tener un trato placentero......el cual redundará en beneficios para la empresa.
6. Haga un segundo esfuerzo, decía “Rudyard Kipling”, “cuando vayan mal las cosas como a veces suelen ir, descansar acaso debes pero nunca desistir”, siempre debemos estar luchando por hacer un segundo esfuerzo, por ser mejores. Epicteto, un filósofo griego del siglo I de nuestra era decía: Caíste vencido una, dos, cien, mil veces, sigue luchando, cuando por fin venzas, serás tan feliz como el que siempre venció.
Autor: Bárbara Parra Fuente: www.tress.com
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