| :: La orientación a resultados |
Para crear y mantener una alta moral en cualquier organización, no basta con escribir los llamados valores institucionales y hacer que todos los memoricen; es indispensable traducirlos en acción, convertirlos en prácticas que conformen el ser y el quehacer de la organización y de sus integrantes.
Orientación a oportunidades y no a problemas: Hay que atender y resolver los problemas, no se trata de ignorarlos, pero cuando es esa la orientación, se tiene una organización a la defensiva y con ello un ambiente de temor que impide la identificación de oportunidades; todos están muy preocupados cuidándose de no caer en alguna falla y provocar problemas y se conforman con lo que tienen porque “pudieran estar peor”. Cuando en congruencia con la orientación a resultados, en la conducta de la organización son las oportunidades las que ocupan el primer lugar, se crea un clima de entusiasmo, de excitación, de competencia, de logro. Pero no basta con ser grandes “identificadores de oportunidades” sino que la administración cuide y exija que éstas se conviertan en resultados.
Recursos Humanos:
Mucho más que el manejo de los presupuestos, de las metas y de los informes periódicos, son las decisiones en materia de Recursos Humanos las que realmente comunican a todos los integrantes de la organización lo que los jefes buscan, valoran y recompensan. El ser congruente entre lo que se predica y lo que se practica, sobre todo tratándose de la administración de sus Recursos Humanos, es una práctica que por obvia no pareciera ameritar mayor comentario, sin embargo, lamentablemente son mucho muy frecuentes los casos en los que esto no se hace realidad; no hay nada que lastime tanto y tan profundamente como el que los propios jefes traicionen sus proclamas y creencias al decir una cosa y hacer otra…Si verdaderamente se quiere un ambiente de trabajo orientado a resultados y a oportunidades, debe ser el desempeño tenido lo que determine la ubicación, la retribución, los ascensos y los despidos de la gente.
Es muy generalizado el hecho de que la Dirección se preocupe y participe directamente en las decisiones que tienen que ver con las gentes del primer nivel y descuide, dejándolas totalmente en otras manos, las relativas al nivel medio que es donde está realmente la administración de la organización, siendo por ello tales decisiones las que tienen un mayor valor simbólico, todos están al pendiente de ellas y transmiten una señal para toda la organización.
Integridad:
La prueba máxima y definitiva de un ambiente de alta moral en la organización, lo es la integridad en que, como piedra angular, descanse. Quien procede con dobleces nunca podrá inspirar la confianza indispensable para el nacimiento y crecimiento de relaciones humanas saludables; exigir respeto y no respetar, exigir de los demás y no exigirse a sí mismo y en fin, decir una cosa y hacer otra, son algunas de las manifestaciones que hacen que el no íntegro sea –secreta o abiertamente- repudiado y por supuesto no seguido.
No es con sermones, ni con predicaciones, aunque éstos no están por demás, es con prácticas, con los hechos del día con día, con los que se construye una organización de éxito. Es así como la Dirección puede tener control de lo que se quiere lograr y lograrlo; todos deben entender que pertenecer a un grupo de trabajo exitoso significa el compromiso de contribuir con el máximo desempeño y para ello se deberá tener una gran exigencia de sí mismo…Sólo quienes tienen ese concepto de superación personal debieran ser los invitados a participar.
No es tan sólo un problema de selección, sino de la formación que la gente que llega a la empresa va teniendo con la convivencia diaria, con las directrices que le son fijadas, con la conducción de sus superiores, con las “señales” que recibe en el día con día: si el mensaje que se le da es el que lo que mayormente se espera de él es su obediencia –virtud que debiera estar siempre presente-, su docilidad, lo que seguramente se tendrá es un ambiente de mediocridad y conformismo.
Fuente: www.tress.com
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