Género, igualdad y ciudadanía

La historia de las mujeres ha sido la historia de la exclusión de los espacios que comportan poder y la asignación de responsabilidades y tareas asociadas al espacio privado. A comienzo del siglo XIX las mujeres:

  • No poseían personalidad jurídica propia.
  • Eran consideradas menores de edad y su persona era administrada por los varones de su entorno familiar (fundamentalmente padre o marido).
  • Su actividad quedaba relegada al espacio privado.

A lo largo de la historia hubo voces que interpelaron y se opusieron a dicha exclusión como Poulain de la Barre, Olimpe de Gouges y Mary Wollstonecraft. El debate feminista ilustrado afirmó la igualdad entre mujeres y hombres, criticó la supremacía masculina e identificó los mecanismos culturales y sociales que operaban en la construcción de la subordinación de las mujeres.

El siglo XIX será testigo de la lucha organizada de mujeres (en lo que se conoció como movimiento sufragista) en torno al reconocimiento de sus derechos políticos y de la igualdad formal (representados en la constitucionalización del sufragio y de la igualdad formal). La inclusión en la agenda política de la universalización del sufragio masculino reabrirá el debate sobre la exclusión femenina de los derechos de ciudadanía.

En la gran mayoría de los países occidentales, durante el periodo de entreguerras, las mujeres verán reconocida y recogida en las Constituciones (es decir, constitucionalizada) la igualdad formal con los varones. Sin embargo la igualdad o la ciudadanía formal (de iure) no significa una igualdad o ciudadanía sustantiva (de facto). Bajo el paraguas de la inclusión formal, puede existir una exclusión material.

Por ello conviene diferenciar entre el concepto de ciudadanía formal y ciudadanía sustantiva:

  • Ciudadanía formal: implica la pertenencia a un Estado Nación.
  • Ciudadanía sustantiva: representa el conjunto de derechos civiles, políticos y sociales inherentes a la misma.

El siglo XX ha sido testigo del esfuerzo internacional por construir un marco normativo que permita progresar en el camino hacia la igualdad de género. Durante este período el tratamiento de la igualdad entre mujeres y hombres ha sufrido una notable transformación, pasando del reconocimiento de una igualdad formal sin apenas traducción práctica (primer tercio del s XX), a un enfoque sectorial que abordaba el fenómeno como problema de vulnerabilidad de las mujeres (Carta de Naciones Unidas, 1945) o a su tratamiento como una desigualdad transversal a espacios y culturas cuyo origen es la asimetría relacional que establece el sistema sexo-género (Beijing, 1995).

Tras un siglo de persistente vindicación los movimientos sufragistas lograrían deslegitimar la exclusión naturalista, y durante el primer tercio del s. XX el constitucionalismo europeo y anglosajón reconocería la igualdad de las mujeres. Sin embargo, tal reconocimiento, no modificó la división sexual del trabajo que, gracias a las prácticas culturales, siguió orientando la identidad y el trabajo de las mujeres hacía las responsabilidades del cuidado.

Fuente: urjconline.atavist.com

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