Un relato para la resiliencia Un cuento africano: la palmera
Un hombre malvado, Ben Sadok, atravesaba un oasis. Tenía un carácter tan violento que no podía ver nada sano ni bonito sin estropearlo. En la orilla del oasis había una joven palmera que estaba creciendo con energía. Ésta le hirió los ojos a Ben Sadok. Entonces cogió una piedra pesada y la puso encima de la corona de la joven palmera. Y, echando una risa pérfida, continuó su camino.
La joven palmera se sacudió y se inclinó e intentó deshacerse de la pesada carga. Sin éxito. La piedra estaba fuertemente puesta encima de su corona. Por más que intentaba empujar, no tenía fuerzas suficientes para deshacerse de ella.
Entonces la joven palmera arañó el suelo y excavó y se mantuvo a pesar de la pesada carga, empujándola. Como no podía estirar sus ramas, fue hundiendo y hundiendo sus raíces tan profundamente que encontró las vetas de agua más escondidas del oasis. Esas aguas frescas y profundas la alimentaron y fortalecieron, dándole tanta fuerza que empujó la piedra tan alto, que ya ningún árbol hacía sombra a su corona. El agua de las profundidades y el sol de las alturas convirtieron al joven árbol en una palmera reina.
Al cabo de unos años volvió Ben Sadok, para alegrarse la vista con el árbol enfermo que él había estropeado. Buscó sin éxito.
Entonces la palmera más orgullosa bajó su corona, enseñó la piedra y dijo: “Ben Sadok, tengo que darte las gracias porque tu carga me ha hecho fuerte.”
Esta es una buena historia para demostrar cómo un obstáculo puede estimular el desarrollo. En la vida hay muchas piedras que nos ayudan a superarnos. Puede relatarse en voz alta, mientras se invita a los participantes a permanecer de pié, con los ojos cerrados, imaginando que es esta palmera.
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Autor y Licencia de esta obra:
Aurora Morera. - www.auroramorera.com
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