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Cómo usar los medicamentos

Sin importar cuál sea la edad o estado de la persona, existen ciertas normas fundamentales que deben acatarse al emplear medicamentos.

- Informar al médico acerca de cualquier fármaco de venta sin receta que se esté tomando, lo cual incluye laxantes o antiácidos; Aspirina o paracetamol; medicinas contra la tos, catarro o fiebre del heno, o complementos minerales o vitamínicos.

Los fármacos de venta sin receta pueden ser potentes y en algunos casos son posible origen de reacciones graves si se mezclan con fármacos de prescripción.
- Leer cuidadosamente las etiquetas. Hay que preguntar al médico o al farmacéutico acerca de posibles efectos adversos, restricciones dietarias que deban seguirse, si debe evitarse la ingesta de alcohol mientras se toma el medicamento o cualquier otro aspecto que genere preocupación. Si al surtir de nuevo un medicamento de prescripción parece diferente del que había venido empleando, hay que preguntar el motivo al farmacéutico.

- Apegarse a las instrucciones. Toda persona que emplea dosis mayores que las recomendadas está en peligro de una sobredosis. El concepto “cuanto más, mejor” no se aplica a los medicamentos.

- No suspender un fármaco prescrito simplemente porque los síntomas parecen haber disminuido. Debe emplearse durante todo el lapso de prescripción, aún ante la desaparición de los síntomas; solamente el médico tratante puede suspenderlo.

- Llevar un registro de medicamentos en caso de emplear varios todos los días. Hay que guardarlo en la billetera o el bolso de mano. Asimismo, en él hay que enumerar las alergias e intolerancia a medicamentos.

- Informar al médico sobre los efectos colaterales. Debe prestarse atención al dolor de cabeza, mareos, visión borrosa, zumbido en los oídos, falta de aire, urticaria y otros efectos inesperados.

- Surtir las recetas en una sola farmacia. Hacerlo así puede ser de utilidad para evitar problemas de interacciones de medicamentos. El farmacéutico puede ayudar a vigilar la mezcla de medicamentos, incluso si fueron prescritos por varios médicos.

- Almacenar adecuadamente los medicamentos. Por lo general, deben guardarse en un sitio seguro y seco a la temperatura ambiental y sin permanecer bajo la luz solar directa. Algunos fármacos deben refrigerarse. El botiquín del baño habitualmente es un sitio inapropiado para guardar medicamentos, debido a las variaciones de temperatura y humedad.

- Desechar los medicamentos caducos. Los medicamentos se deterioran con el paso del tiempo y a veces adquieren toxicidad. Por ningún concepto deben almacenarse “sobras” de medicamentos.

- Preocuparse por los niños. Hay que guardar los medicamentos fuera del alcance de los niños. Conviene adquirirlos en envases a prueba de niños, especialmente si se tienen hijos menores de edad, nietos o huéspedes de corta edad.

- Guardar los medicamentos en el envase original. Si la etiqueta se desprende de un recipiente de medicamento y se tiene duda acerca del contenido, conviene desecharlo de inmediato. Los recipientes de fármacos de prescripción están diseñados para protegerlos contra la luz y humedad.

- En caso de experimentar dificultades para abrir un recipiente con tapa de seguridad, preguntar al farmacéutico sobre los envases con tapa normal.

- No prestar ni compartir medicamentos de prescripción. Lo que es útil para una persona puede ser dañino para otra.

- No tomar medicamentos en la oscuridad.

- No mezclar los medicamentos y el alcohol. Esta combinación puede dar origen a interacciones dañinas.

Fuente: Guía de autocuidados de Clinica Mayo
  





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