| :: Ozono como contaminante |
Si supera ciertos niveles se convierte en un gas nocivo para la salud y el medio ambiente. Cuando el ozono se sitúa en la capa más baja de la atmósfera y supera ciertos niveles, deja de ser el gas protector de la vida en el planeta para convertirse en un peligroso contaminante.
El aumento de sus concentraciones por causas artificiales es un grave problema medioambiental que debe concienciar a instituciones y consumidores. El ozono se produce de forma natural, dando lugar a pequeñas concentraciones inocuas en el aire, a partir de emisiones procedentes de la vegetación, procesos de fermentación o volcanes, y se encuentra tanto en la troposfera- la región de la atmósfera más próxima a la superficie terrestre- como en la estratosfera, situada en las capas altas de la atmósfera, en donde cumple su conocido papel protector contra los letales rayos ultravioleta. Sin embargo, cuando el ozono troposférico aumenta en mayores cantidades, provocado por medios artificiales, se convierte en un contaminante tóxico.
A diferencia de otros contaminantes que son emitidos directamente por sus fuentes, el ozono surge a partir de otros productos, principalmente óxidos de nitrógeno e hidrocarburos, en presencia de abundante luz solar, por lo que se le define como contaminante secundario.
El ozono penetra por las vías respiratorias y debido a sus propiedades altamente oxidantes provoca la irritación de las mucosas y los tejidos pulmonares, lo que lleva a una irritación de ojos, tos, dolores de cabeza y pecho, etc.
Los grupos de riesgo sobre los que un aumento en la concentración de ozono en el ambiente podría resultar más peligroso son personas con afecciones respiratorias, adultos que realizan actividad física en el exterior, niños y personas que, por causas aún desconocidas, experimentan una mayor sensibilidad al ozono.
Además, el ozono en grandes cantidades también es perjudicial para el resto de los seres vivos, puesto que afecta a las paredes celulares, disminuye la actividad fotosintética y perjudica el crecimiento de las plantas, provocando una disminución de la vegetación natural y de la producción agrícola.
El fuerte carácter oxidante del ozono es, asimismo, el responsable del daño producido a algunos materiales, tanto naturales, como el caucho, el algodón y la celulosa, como pinturas o plásticos.
Este hecho obliga por ejemplo a tener especial cuidado en la conservación de museos y salas de arte. El ozono también contribuye a incrementar el efecto invernadero, aunque su presencia es inferior a la de los principales gases, como el dióxido de carbono o el metano.
Si se produce una contaminación por ozono, las posibilidades de conseguir una reducción significativa a corto plazo, adoptando medidas correctoras, son mínimas, dadas las reacciones que lo provocan y la propia inercia de las mismas. Por ello, la asunción de ciertas medidas preventivas por parte de la población es fundamental para evitar males mayores.
Dichas medidas no son otras que las habituales medidas ecologistas de protección ambiental, como la utilización de medios de transporte colectivos o no contaminantes, el ahorro de energía en el hogar y en el trabajo o evitar actividades que puedan emitir compuestos orgánicos volátiles.
Fuente: consumer.es
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