| :: Enseñar la responsabilidad |
Muchas veces se confunde responsabilidad con obediencia. Los padres y maestros que constantemente dan órdenes a los niños, contemplando con satisfacción cómo éstos las ejecutan, no necesariamente están enseñándoles a ser responsables. Los niños actúan de manera responsable cuando se comportan adecuadamente sin que haya que recordárselos una y otra vez.
Según los autores Harris Clemes y Reynold Bean, un niño es responsable si:
* Realiza sus tareas en el hogar y el colegio sin que haya que recordárselo en todo momento.
* Puede razonar lo que hace.
* No echa la culpa a los demás sistemáticamente.
* Es capaz de escoger entre diferentes alternativas.
* Puede jugar y trabajar a solas sin angustias.
* Puede tomar decisiones que difieren de las que otros niños toman en el grupo en que se mueven.
* Respeta y reconoce los límites impuestos por los padres y profesores sin discusiones inútiles.
* Puede concentrar su atención en tareas complicadas (según su edad) durante cierto tiempo sin llegar a situaciones de frustración.
* Lleva a cabo lo que dice que va a hacer.
* Reconoce sus errores y trata de corregirlos sin armar un lío.
* La importancia de las normas
Para inculcar la responsabilidad en los niños es primordial que en el hogar se establezcan normas y reglas claras. De lo contrario les resultará difícil practicar la autodisciplina necesaria para controlar su propio comportamiento. Se sentirán confundidos y no sabrán exactamente cómo seguir las directrices que se les dan.
Si los niños no tienen claro qué esperan sus padres de ellos, o no saben cuáles son sus deberes, no podrán educarse en el valor de la responsabilidad. Padres y educadores deben no solo establecer normas de la manera adecuada según la edad de cada niño, sino explicar cuáles son las consecuencias por transgredirlas.
Los autores del libro “Cómo enseñar a su hijo a ser responsable” aseguran que los niños a quienes no se les dan deberes en el hogar desde la primera infancia, carecerán de habilidad para organizarse, para fijarse objetivos y llevar a cabo tareas complejas a lo largo de su infancia y adolescencia.
Sin embargo es fundamental que los padres tengan en cuenta tres reglas al asignar responsabilidades a los hijos para que ellos interioricen este valor:
1. Sea coherente: Cuando una norma no se cumple, se debe dar un suave castigo. Esto tiene sobre el niño más efecto a largo plazo que una actitud incoherente con un castigo severo. La coherencia es una manera de demostrar a los hijos que se está pendiente de su comportamiento.
Al ser coherentes padres y maestros, los niños se sienten más seguros y saben a qué atenerse si no cumplen las normas y responsabilidades. Si no hay coherencia, los chicos sienten ansiedad porque no son capaces de predecir lo que puede suceder.
2. No sea arbitrario: No ser arbitrario significa que padres o educadores hacen algo diferente a lo que habían dicho, o hacen algo sobre lo que no habían advertido al niño. Un acto inesperado del padre ante una responsabilidad no cumplida, aumenta el miedo y la frustración del niño.
Para evitar ser arbitrario, padres y maestros deben aclarar lo que esperan del niño, comunicarle esas expectativas de forma sencilla y directa y concretar cuáles son las consecuencias si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.
3. Dé recompensas por ser responsable: Esta es una manera de estimular a los niños a comportarse adecuadamente. Ello no significa necesariamente regalos materiales, sino reconocimientos pequeños que reafirmarán en el niño la satisfacción de la labor cumplida.
Fuente: deguate.com
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