| :: Turismo: Toledo, mezcla de culturas |
Cada uno de los pueblos que habitaron Toledo, dejaron su huella particular, una huella cargada de historia, pero también de leyenda. Pasear por sus calles, es entrar en un mundo único, en que cada piedra, cada rincón, se abre un mundo de posibilidades. ¿Cómo no dejar volar la imaginación, en angostas calles, que llevan por nombre "Callejón del Diablo" o "Calle del Infierno"? Al acercarnos a los restos romanos, como las Cuevas de Hércules, o el Hipódromo, casi se puede oir la algabaría de gente, hablando en latín. La formación de la iglesia católica en Hispania, en manos de los Concilios de Toledo, dejó las huellas de las interminables discusiones en el aire. Los musulmanes trajeron su rica cultura, música y lujo a la ciudad. Si se escucha con atención, puede oirse el retumbar de los cascos de sus corceles blancos sobre la calzada, yendo al encuentro de los caballeros leones y castellanos, en defensa de una ciudad, que ya por aquel entonces, se consideraba única. Tanto los romanos, como los árabes, crearon ciudades diseñadas para la vida de su cultura propia.
Mientras que de los romanos dejaron las grandes construcciones, como el hipódromo o el acueducto, e incluso las alcantarillas, los musulmanes organizaron la ciudad dividiéndola en la Medinas, la Alcazaba y los Arrabales. Cada una de las reconstrucciones y arreglos que se hacía en la ciudad, pertenecía a un plan cuidadosamente estudiado, siguiendo las normas del arte mudéjar. Las ciudades musulmanas crecían sin planes organizados, por lo que el resultado, son estrechas calles con m,ás curvas que rectas, muchas de ellas sin salida. Esto es el centro de Toledo, pero, precisamente uno de sus encantos, es ir andando sin saber exactamente donde se va a parar. Los curiosos letreros de las calles: "Cuesta de San Justo al Corralillo", "Callejón sin Salida de San Justo", "Callejilla de la Est. sin Salida".
La influencia musulmana, continúo tras Alfonso VI, de ahí que las construcciones cristianas posteriores, no se alejen mucho ni en la estructura, ni en la decoración. El arte mudéjar se siente en toledo, en los morivos, en las yeserías, relieves, muros, filigramas, tejados y los materiales: arcilla, ladrillo y teja.
Toledo guarda muchas "joyas", algunas de ellas del siglo II, otras, más modernas, pero no menos valiosas, como las obras del Greco en la Catedral o su impresionante "Entierro del Conde Orgaz", símbolo de la capital toledana a nivel mundial.
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