| :: Tensiones entre formación para la vida y para el trabajo |
En cuanto tareas de la Universidad, formación y trabajo son términos que se relacionan fácilmente de diversas maneras. En esta breve nota, sin embargo, voy a tratar sobre la tensión entre ambos porque así es como a menudo se presenta la discusión con alumnos y entre profesores. Quienes tenemos la responsabilidad de establecer lo que ofrecemos como servicio de la Universidad estamos permanentemente en un tipo de tensión que se basa en el cuestionamiento de la formación a la que aportamos. Un factor que influye en dicha tensión es la diversa importancia asignada a la formación humana integral frente a la formación para el trabajo, independientemente de cuán ampliamente sea entendido dicho trabajo.
La tensión es mayor cuando la concepción que se tiene sobre el trabajo es estrecha mientras que la concepción sobre la vida inasible por su indefinición y amplitud. En cualquier caso, la formación integral supone una crítica a las maneras estrechas de entender el trabajo como son las que deshumanizan a las personas o como las que excluyen el trabajo consistente en la asunción de responsabilidades públicas.
La presión para orientar la enseñanza con miras a que los egresados encajen en el mercado de trabajo es común y tiene mucho sentido a la vez que limitaciones. Por ejemplo, el papel de la Universidad no se agota en la atención a la demanda por servicios educativos que a menudo las personas buscan en ella.
No se trata simplemente de una oferta institucional a una demanda privada y propia de cada momento. Si bien, esa demanda es y será siempre un elemento importante en la tensión indicada, es necesario recordar que por el lugar cultural que ocupa en la sociedad, por la naturaleza pública de su producción y transmisión de conocimiento y por la continuidad de su labor a través de las generaciones, la Universidad tiene objetivos que incluyen pero también trascienden aquellos que se centran en el progreso individual de sus egresados.
No basta pues preguntarnos por los objetivos particulares de los individuos al entrar a la Universidad sino que también hay que hacerlo sobre lo que ellos van a poder hacer por ellos mismos y por la sociedad en la que viven. Esto depende de las calificaciones, vocación y voluntad de dicho individuo pero también del carácter abierto, no discriminatorio y ampliador de oportunidades de servicio a los demás que tenga el contexto social en el que vivirá. Por esto último, la formación para la asunción de responsabilidades públicas es un elemento importante de la formación universitaria.
La labor de la Universidad es resultado de un diálogo entre sus miembros y aquellos a quienes atendemos con nuestro servicio educativo. Esa interacción produce naturalmente una saludable tensión entre visiones de lo que la Universidad debe dar y los estudiantes recibir. Hemos orillado una de las múltiples facetas del problema.
Javier Iguíñiz Echeverría
Profesor Principal del Departamento de Economía - PUCP.
Ph.D. en Economía, The New School for Social Research, EE.UU.
Master of Science, Iowa State University.
Fuente: blog.pucp.edu.pe
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