| :: Relieve sobre rocas metamórficas |
Las rocas metamórficas que aparecen en superficie son producto bien de la erosión completa de las cadenas montañosas, plataformas, zócalos y macizos antiguos, bien de las intrusiones ígneas. Pueden presentarse en grandes extensiones, por lo que aparecen como rocas masivas muy coherentes a las que les afecta a erosión de manera especial; son rocas resistentes a la fragmentación pero muy sensibles a la alteración (particularmente a la hidrólisis).
Entre las rocas metamórficas el granito es la más abundante en la naturaleza, y la que aparece más frecuentemente como roca masiva, así que nos servirá de modelo para estudiar las formas que aparecen en las rocas metamórficas. La erosión diferencial hace mella en las fisuras, diaclasas y fracturas, y en los distintos minerales que componen la roca. La meteorización del granito tiene lugar a través de la red de diaclasas que presenta, donde ataca el agua y los agentes erosivos para formar arena. Si el conjunto presenta un aspecto de llanura suavemente ondulada, salpicada de pequeños resaltes y recorrida por profundos tajos en los que se encajan los ríos, tendremos el relieve de penillanura. Los relieves de resistencia residual pueden manifestarse en pitones y resaltes rocosos, e incluso montañas (macizo granítico). Sus vertientes coinciden con los planos de las diaclasas. Si estas diaclasas son curvas ese será el perfil del relieve. Normalmente las diaclasas forman un paralelepípedo y el relieve adquiere un aspecto ruiniforme, llamado canchal o berrocal. Cuando los fragmentos adquieren una forma notablemente redonda se les llama bolos. El bolo es el elemento básico del berrocal. Si los bolos tienden a ser cúbicos y aparecen unos sobre otros decimos que el berrocal presenta un aspecto de losa, y si los bolos son redondos el berrocal forma torres. Los bolos pueden estar es equilibrio inestable, en ese caso decimos que son rocas caballeras. El aspecto es el de un edificio ruiniforme. Si aparecen aislados los llamamos tors, los cuales están separados por pasillos de arenización, formados por las principales diaclasas. Cuando la roca granítica aflora compacta y de forma masiva estamos ante un dorso de ballena.
El granito también presenta microformas que permiten la acción de los agentes erosivos, son los pilancones, concavidades que aparecen en la parte superior de los bolos, y las acanaladuras, surcos verticales por donde corre el agua.
Los relieves de resistencia residual presentan una clara ruptura de pendiente en su base que marcan el contacto entre las rocas intrusivas y las rocas encajantes. En esta base se acumulan los restos de la meteorización formando una espesa capa arenosa que aún no ha sido evacuada, aunque en climas cálidos presentan una superficie de erosión más atacada.
Los resaltes cuarcíticos suelen presentarse en forma de crestas filonianas o diques, de trazado rectilíneo y perfil transversal disimétrico. Los granitos se presentan, más frecuentemente, en forma de cerros graníticos. Cuando uno de estos resaltes aislados aparece en un entorno sedimentario o aislados hablamos de monte isla. Los relieves graníticos suelen tener forma de prisma, con aristas vivas, o domo, con formas redondeadas. Este tipo de formas son propias de las regiones frías pero los domos son muy comunes en las regiones cálidas, donde alcanzan gran desarrollo y se llaman panes de azúcar; grandes resaltes de planta circular y paredes verticales que resaltan sobre la superficie de arrasamiento.
Cuando las formaciones encajantes son más resistentes que las rocas intrusivas pueden aparece cubetas de erosión (o graníticas), de dimensiones kilométricas y de planta más o menos elíptica, aunque pueden ser rectilíneas si presentan contacto con alguna falla. Si las dimensiones son más pequeñas, unos hectómetros, las llamamos alvéolos de erosión diferencial o alveolos de arenización, que aparecen en el cruce de dos diaclasas. Estos alveolos se suelen presentar alineados en lo que se llama valles alveolares. Estas cubetas, funcionan como regiones de acumulación y están cubiertas bien por arcillas bien por arenas, procedentes de la erosión del entorno.
La red hidrográfica se encaja, fuertemente, en el conjunto, siguiendo el trazado de las fracturas (diaclasas y fallas), por lo que presentan largos surcos rectos. Estos encajamientos se llaman tajos o arribes. Se trata de valles estrechos, de paredes notablemente verticales y que culminan en la penillanura.
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